miércoles, 12 de mayo de 2010

LA CULPA ES DE LA VACA


El gobierno venezolano para promover la venta de carne barata a los consumidores venezolanos decidió meter preso a unos cuantos carniceros especuladores. Luego de liberarlo con medidas cautelares de presentación y juramento de buena conducta, éstos decidieron no vender carne. Ante el desabastecimiento el ministerio decidió realizar una investigación que con criterio socialista y endógeno explicara porque los carniceros no podían ser buena gente y tener en sus neveras abundante carne barata y de primera.

Un funcionario rojo rojito fue el designado para realizar la investigación y entrevistó a los representantes de mil frigoríficos en Venezuela. La conclusión de la encuesta fue determinante: no pueden vender a ese precio porque es el mismo con que lo compra y no quieren vender para perder.

Fue entonces a una de la empresa de distribución de carne, quienes le argumentaron que no podían venderla más barata ya que con el aumento del trafico ahora necesitan el doble de la flota para poder atender a los mismos comercios. Igual que con el precio que obtienen de los mataderos, ese es lo menos a que pueden venderlo.

Acudió el funcionario a los mataderos, quienes adujeron que la valía del ganado era porque lo compraban a un precio ya bastante caro, pero que además con las paradas debido a los cortes eléctricos y el ausentismo laboral producto del decreto de inamovilidad la producción había mermado bastante.

Finalmente acudieron a los ganaderos. Al principio pensaron que sería una comisión del gobierno para un rescate y que detrás del funcionario habría un contingente de la guardia nacional y del ejército. Corroborado que solo había una persona armado de un bolígrafo y un cuaderno le explicaron que no se atrevían a comprar más vacas porque era una inversión muy riesgosa, porque entre los cuatreros, el pago de vacuna, los invasores no había ganancias y que ellos no eran bolsas para comprar un ganado que después se los expropiaran y se los agarrara el gobierno. Además, los dólares para los suplementos alimenticios no habían llegado, y solo con pasto las vacas no engordaban.

Nuestro bien dispuesto funcionario llamó al ministro y le dijo que la culpa era de las vacas porque ellas solo engordaban con comida importada del imperio.

Días siguientes el presidente en cadena nacional firmaba el decreto a través del cual las vacas engordarían con pasto. Y que si estas no engordaban al menos el 20% de su peso al mes serían encarceladas junto a los carniceros.

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