lunes, 9 de febrero de 2009

¿HABLARÁ LA ESPIRAL DEL SILENCIO?


Un viejo chiste dice que los economistas (yo lo extendería a cualquier científico social) se la pasan seis meses del año señalando lo que va a pasar y los otros seis meses explicando por qué no paso lo que ellos dijeron que iba a pasar. El problema es que, por más números que se maneje, la conducta humana puede resultar en ocasiones impredecible, y no vale contar con todas las herramientas para el análisis de datos y sistemas expertos, siempre existen elementos que desdiga el mejor de los concienzudos análisis que se pueden hacer para proyectar la complejidad de la vida social.
En el mundo de la opinión pública, una de las variables que pueden afectar un pronóstico es la conocida Espiral del Silencio que postulara la politóloga alemana Elisabeth Noelle-Neumann. En otras palabras, mucha gente pudiera no decir la verdad a un encuestador, porque cree que debe contestar de alguna manera, independientemente de lo que el crea realmente o de su conducta sobre el tema que se le esta abordando. Esto es particularmente cierto con temas que gozan de cierta antipatía en las mayorías. Si hoy día es considerado malo disciplinar a los hijos a correazos, lo más probable es que frente a un cuestionario un padre oculte que de vez en cuando haya tenido que poner en riesgo la gravedad de sus pantalones frente al niño que persiste en el berrinche, una vez que las explicaciones y las súplicas se le hayan agotado.
En la dinámica de nuestro particular entorno político, si hoy existe una mala palabra es la abstención. En todas las encuestas celebradas luego del referendo de la reforma, ante la pregunta si piensa ir a votar, las respuestas positivas con frecuencia superan el 90%, pero a la hora de la verdad, sabemos que no irán a votar en el mejor de los casos, al menos un 30% de estos electores. En el referendo desaprobatorio de la reforma presidencial del 2D, no hubo encuestadora, que predijera que la derrota del SI provendría de una abstención de más de dos millones de personas que un año antes, había votado a favor de Hugo Chávez.
El actual régimen que de menesteres electorales, algo sabe, ha dirigido su campaña para la aprobación de la enmienda propuesta, precisamente a este grupo de venezolanos. La hipótesis que ellos manejan, es que hay un voto duro opositor, que ellos calculan en 4 millones de electores, a los que no vale la pena trabajar. A su vez estiman que hay un voto duro chavista que no dudarían en apoyar cualquier propuesta presidencial. Entonces el trabajo es hacia aquello que estando inscritos en el PSUV, que siendo beneficiarios de las misiones o que participen en algún Consejo Comunal, no han ido a votar, en las últimas ocasiones.
El látigo y la zanahoria
Reitero, si en algo el régimen ha mostrado experticia, es en el aspecto electoral. El manejo de base de datos es fundamental en las estrategias de marketing actuales, y este gobierno lo sabe hacer. Desde la famosa lista Tascón, hasta la Maisanta. Todos los electores están en alguna base de dato y dentro de ella, esta descrita alguna característica de su comportamiento político. Si firmó o no firmó; si participa en tal o cual misión; si es trabajador de algún organismo público, etc. Esta base de dato es utilizada intensamente el día de la votación, y de allí la importancia de mantener las mesas de votación abiertas el mayor tiempo posible. A partir de las cuatro de la tarde, son muchos los electores que se pueden acarrear y pueden ser la diferencia si la elección esta reñida. Entenderán los lectores, la importancia que tiene para el régimen, la extensión en dos horas, del cierre de las mesas.
Empero, la necesidad de motivar a la participación tiene, en este momento, un inconveniente, y que actualmente no cuentan con incentivos positivos para que los que una vez se abstuvieron vayan ahora a votar. La posibilidad de premiar esta conducta es poca, porque por más que disfracen la pregunta, a la mayoría de los venezolanos, no les gusta la propuesta de reelección indefinida y además, a pesar de todo el apoyo publicitario, el entusiasmo por las misiones ya no es el mismo, y sus problemas se siguen agudizando.
Por tanto, lo único con que cuenta el gobierno para que vayan a votar es la amenaza. El solo hecho que el Presidente diga en una cadena de Televisión que tiene identificado a un millón de venezolanos que van a los Centro de Diagnóstico Integral (CDI) que no han ido a votar, es señalarle claramente a la gente, mira tú que te beneficias del gobierno, si no votas, sabes que se te puede castigar por ello. Gas del bueno, amedrentamiento a gobernadores y alcaldes opositores, detenciones arbitrarias, parapolicías tirando bombas lacrimógenas. Hay que mostrarles a los nuestros, que pasaría si dejan de apoyar al gobierno. Amenaza con guerra, porque sencillamente la paz depende de su voluntad.
Seguramente si los obligan, irán a votar. Lo que no se sabe, es que dirán dentro del paraban cuando amparado por el secreto del voto, una vez que frente a la maquina de votación tengan que escoger entre un Si y un NO.

2 comentarios:

Dubraska dijo...

Me gusta le hipotesis de que en amparados en el secreto del voto mas de uno volteara la tortilla el domingo.
Como me gustaria estar alli para hacer lo propio....lo unico que nos queda es convencer a los apaticos y ni-ni para q se animen y salgan a a votar!
Saludos

Yvan Serra Díaz dijo...

Es una hipótesis. Hay ejemplos históricos, el más significativo fue quizás el que le diera el triunfo a Chamorro en las elecciones presidenciales de Nicaragua en el año 89: Pero esto tampoco significa que se vaya a dar siempre.

Saludos y gracias por comentar