
Apenas me recupero del trasnocho a que me obliga el CNE siempre que hay jornada electoral. Los resultados ofrecen una clara victoria para los candidatos del PSUV, pero a su vez la oposición obtiene el triunfo en importantes bastiones electorales. A los estados con que ya contaban hay que sumarle Miranda, Carabobo, Táchira, y la Alcaldía Mayor que no son poca cosa. Estos resultados no dejan de insuflar ánimos a los dos grandes sectores políticos que hacen vida en el país. Uno por que gana, el otro porque crece.
Pero así como hay motivos para celebrar, ambos sectores tienen que sentarse a reflexionar sobre los resultados. El oficialismo tiene que pensar porque pierde Caracas, a pesar de tener fichas importantes de su organización. El alejamiento del gobierno de Chávez con las clases medias tiene que ser un tema que debe seguir requiriendo la atención del alto gobierno, aunque por los momentos, esta distancia no ponga en riesgo la estabilidad del régimen, como sucedió hace cinco años.
Igualmente en la oposición existe el reto de ir más allá de las capitales de los estados. Un acercamiento con los humildes es una condición sine qua non si quiere conseguir oportunidades en el futuro. A pesar de los espacios conquistados, los líderes opositores se mantienen lejanos al país pobre, ese que no aparece en los medios, pero que se expresa cada vez que hay oportunidad. Compenetrarse con ellos y ofrecerles esperanzas, el lugar de discutir quien es más unitario y quien más divisionista, es el reto para el futuro.
No puede dejar pasar los importantes territorios que se dejaron de ganar o se perdieron, por la mezquindades y ambiciones de líderes y partidos identificados con la oposición. La presencia de candidatos sin opciones afectaron las posibilidades en Guárico, Bolívar, Barinas y en Carabobo los municipios Libertador, Los Guayos y especialmente Valencia, gesto que durante mucho tiempo la ciudad le recordara a Henrique Salas Römer y a Paco Cabrera, grande artífices de la pérdida de la capital carabobeña.