
Dos posturas sobre el ordenamiento territorial, Briceño Méndez defensor de la lógica racional como política de estado, Marcos Negrón, un pragmático que no pierde pisada a las tendencias internacionales, tanto de las políticas, como de las corrientes migratorias y de la realidad de los asentamientos. Ambos con dilatada experiencia en el campo de la docencia y la investigación. El primero claramente identificado con el proceso, al cual representa desde la unicolor Asamblea Nacional. El segundo, claramente adversario al proceso, al cual no pierde ocasión para manifestar su animadversión.
Tuve oportunidad de escucharlos en el reciente Congreso de Ciudades celebrado en las instalaciones de
A esta tesis responde Marcos Negrón. No hay que horrorizarse por la concentración. Su conferencia explica como es perfectamente compatible grandes concentraciones urbanas con calidad de vida. Venezuela no posee grandes concentraciones urbanas, si se compara con otros países del planeta. Otras capitales, comparten una mayor proporción de su población que Caracas. El problema, no es el volumen de las ciudades, sino que estas sean lugares inhóspitos; y esto poco tienen que ver con su densidad, sino con las políticas que se desarrollan internamente y de la gerencia que sobre la ciudad ejercen sus autoridades. El desarrollo, al contrario de lo que se cree, promueve la concentración de la población. Mientras mayor es la productividad en el campo, menos gente hace falta para producir. Estados Unidos, es el granero del mundo y solo cuenta con 3% de población rural. La desconcentración de la población cuenta con un problema: la gente no se quiere ir de las ciudades, y de las metrópolis menos. A diferencia del estado racional planificador, Negrón defiende la libertad del individuo de vivir donde le plazca.
Por Internet me llegan fotos de satélite, bajo el titulo “El mundo visto de noche”. Las partes iluminadas son las luces de las ciudades. Con la excepción de una Europa, plenamente iluminada, los focos luminosos bordean los océanos. La gente busca sus asientos, no en función de sus recursos, sino en función de los mercados. Las concentraciones urbanas, son un atractivo natural para las corrientes migratorias. En lugar de desplazar a la gente, las ciudades deben prepararse para recibirlas.